La fase de grupos del Mundial 2026 ya es historia. E hizo historia, también. La primera Copa del Mundo con 48 equipos había generado muchas dudas antes del comienzo del torneo, pero, a estas alturas, con 73 partidos (72 de la primera fase y el de 16avos de Canadá vs. Sudáfrica) ya tachados en el calendario, podemos sentenciar una cosa: no ha defraudado.
Es, ante todo, un muy buen Mundial para América.
En primer lugar, las tres selecciones anfitrionas pasaron de ronda. México resultó casi una revelación, ganando por primera vez en su historia los tres partidos de la fase de grupos y sin recibir un solo gol rival. El Tri llegó en medio de muchas dudas de los aficionados, pero la entrega y los buenos pasajes de juego acabaron por enamorar a muchos escépticos. Ganó hasta jugando con medio equipo de suplentes.
Estados Unidos, al igual que México, solo necesitó dos partidos para ganar un grupo que, según analistas, era uno de los más parejos. Resultó, en cuanto a la forma de juego, la gran revelación del Mundial, con un fútbol dinámico, voraz y muy ofensivo. La derrota de sus suplentes ante Turquía fue una mancha en el proceso, pero los estadounidenses elevaron mucho sus expectativas.
Canadá fue logrando dar pasos al frente. En el primer partido consiguió su primer punto en la historia del Mundial, en el segundo la primera victoria (y con goleada para los libros) y en el tercero la clasificación a los mano a mano. Allí tuvo su estreno este domingo, y ganó. Ya está entre los mejores 16 equipos del torneo.
Sudamérica confirmó, una vez más, su poderío en el escenario mundial. De las seis selecciones clasificadas, solo una se quedó afuera. Tres ganaron sus grupos y las otras dos se clasificaron con actuaciones heroicas.
Argentina es, sin dudas, candidato a repetir la corona. Fundamentalmente porque tiene a un Lionel Messi que hasta parece en mejor forma que en 2022. Esta vez no hubo sorpresas y ganó con holgura sus tres partidos, llevando en el proceso al astro rosarino a lo más alto de la tabla de goleadores en la historia del Mundial.
Brasil fue de menos a más. El exigente debut ante Marruecos generó dudas, pero el empate permitió trabajar con tranquilidad. Allí apareció la famosa mano de Ancelotti para ajustar detalles en la formación titular, elemento fundamental de las goleadas a Haití y Escocia. Cambió a su centrodelantero y liberó aún más a Vinícius. Brasil crece, y los demás se preocupan.
Colombia cerró la fase de grupos entregando una de las mejores actuaciones de toda la Copa del Mundo. Después de dos victorias muy trabajadas ante Uzbekistán y RD Congo, se midió ante Portugal, una candidata al título. Los cafeteros no solo estuvieron a la altura, sino que claramente merecieron el triunfo. Maniataron a los europeos en el mediocampo, controlaron a Cristiano Ronaldo y dispusieron de un puñado de opciones de gol muy claras. Rompieron el pronóstico de muchos y ganaron el grupo.
Paraguay y Ecuador comenzaron el Mundial como para irse rápido. Los guaraníes con una goleada insospechada a manos de Estados Unidos y la Tri con una derrota ante Costa de Marfil y un empate para la historia contra Curazao. Entonces, sacaron de la galera dos actuaciones magistrales. Los de Alfaro le ganaron a Turquía jugando todo el segundo tiempo con un jugador menos y los de Beccacece le ganaron a Alemania. Clasificaron como terceros, pero con aspiraciones más serias de lo que parece.
Párrafo aparte para la gran decepción del Mundial: Uruguay. El primer campeón del mundo, que desde aquella escandalosa semifinal de Copa América fue cuesta abajo, sumando problemas dentro del campo de juego y el vestuario, no les pudo ganar a Arabia Saudita ni a Cabo Verde. Ante España jugó un gran partido, pero se quedó sin nada por un error (otro más) de su arquero. Es el segundo fracaso de Marcelo Bielsa como DT en un Mundial. Llevar jugadores lesionados y repetir a un portero que nunca le dio garantías lo condenó, aunque está claro que esto está lejos de igualar aquella eliminación de Argentina en 2002.
El Mundial de Haití y Panamá no puede ser considerado fracaso. Los haitianos merecieron mejor suerte ante Escocia (un escandaloso penal no cobrado los privó de un empate) y le hicieron la vida imposible a Marruecos, yendo al frente 1-0 y 2-1. En medio de un contexto social y económico muy delicado, y con un entrenador que nunca pisó la isla, fue una actuación decente, en un grupo de por sí muy complicado.
Lo mismo les pasó a los panameños. Estar en el grupo de Inglaterra, Croacia y Ghana no es precisamente buena suerte. Aun así, merecieron más ante Ghana y no sufrieron demasiado ante Croacia. Incluso Inglaterra tuvo que transpirar mucho más de lo pensado para ponerse arriba en el marcador. Se fue sin goles a favor, no por falta de intento, sino de acierto, y apenas recibió cuatro.
Puede sonar a locura, pero los debutantes no han venido de paseo a Norteamérica. Es cierto que ninguna ganó un partido, pero una de ellas no lo necesitó para eliminar a un bicampeón y las otras tres, a su modo, se fueron con buenas experiencias.
Curazao, la nación más pequeña en participar en toda la historia del Mundial le plantó cara durante un buen rato a Alemania en su debut absoluto, e incluso le anotó su primer gol (1-1 parcial). Luego dio la sorpresa al empatarle a Ecuador e hizo transpirar más de la cuenta a Costa de Marfil.
Jordania fue la que, por momentos, mejor jugó entre las debutantes. Comenzó llevando al límite a Austria, que le ganó por un gol en contra, y también puso contra las cuerdas a Argelia, ganadora gracias a dos jugadas a balón detenido. En su última presentación le sacó el invicto a Emiliano “Dibu” Martínez y, a pesar de otra derrota, se fue con la frente en alto, marcando goles en sus tres juegos.
Uzbekistán fue, de lejos, la más floja de entre las debutantes. Aun así, le dio algo de suspenso al duelo ante Colombia y, tras una goleada apabullante ante Portugal, estuvo cerca de dejar eliminada a RD Congo. Pagó caro el cambio de entrenador antes del torneo y cierta displicencia a la hora de defender, pero es una gran experiencia que se lleva a futuro con un plantel muy joven.
Cabo Verde es, sin dudas, la historia del Mundial. Con un arquero de 40 años (nueva sensación de las redes sociales) multitud de jugadores descendientes de caboverdianos y hasta un irlandés reclutado por LinkedIn, esta pequeña nación africana le sacó un empate a la poderosa España, le igualó el juego a una autodestructiva Uruguay y resistió ante Arabia Saudita. Fueron tres empates, que le bastaron para pasar como segunda. ¿Su premio? Enfrentar a Argentina.
Las selecciones africanas cumplieron un gran papel en la fase de grupos. Prueba de ello es que nueve de las diez selecciones llegaron a 16avos de final, y con algunas actuaciones muy destacadas en el camino, como el empate de Cabo Verde ante España, el de la RD Congo ante Portugal o el de Ghana ante Inglaterra.
La excepción a la regla fue Túnez, pero, a decir verdad, es una selección que hizo todo mal. Solo basta con decir que cambió a su entrenador poco antes del Mundial y que lo echó tras una goleada en contra en el primer partido.
A contramano de África estuvo Asia, continente de donde salieron siete de los 16 eliminados en la fase de grupos. Qatar, Arabia Saudita, Iraq, Jordania y Uzbekistán terminaron últimos, y Corea del Sur e Irán fueron terceros sin suerte. Solo Australia (es de Oceanía, pero compite por Asia) y Japón pasaron de ronda. De los 27 partidos que jugaron las selecciones de la confederación, apenas ganaron tres.
Si hay una selección que mete miedo, esa es Francia. Hizo muy fácil un grupo difícil donde estaban Noruega, Senegal y, la “Cenicienta”, Iraq. Nueve puntos de nueve posibles y 10 goles a favor, siendo la más goleadora del certamen junto a Países Bajos y Alemania. En los primeros partidos se destacó la figura de Olise en la conducción y de Mbappé en la definición, y en el último apareció en todo su esplendor el Balón de Oro, Ousmane Dembélé.
Nadie parece ser más que Francia hasta ahora, aunque los duelos directos suelen emparejar muchas cosas que, en el análisis, son totalmente desparejas.
Allí le espera un exigente calendario. Suecia será su primer rival y, de pasar, podría aparecer Alemania. Y más tarde, Países Bajos o Marruecos. Y luego ya España o Portugal. De no haber sorpresas (que el fútbol gracias a Dios siempre las tiene) los galos tendrán una tarea titánica si quieren llegar a la final por tercera vez consecutiva, algo que no logra nadie desde Brasil en 1994, 1998 y 2002. Aquella Canarinha fue campeón en esa primera final (como Francia en 2018), subcampeón en 1998 (como Les Bleus en 2022) y campeón nuevamente en 2002. ¿Se repetirá?
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